Justicia póstuma para Juanjo: hubo nexo entre su suicidio y su situación laboral en Onzonilla
- La sentencia que le da la razón llegó demasiado tarde, se quitó la vida en 2023: el TSJCyL ratifica que hubo relación entre la traumática situación laboral que vivía en el Ayuntamiento y su rendición vital
- "Sólo pido que mi padre no haya muerto por nada, que se aclare qué responsabilidad tiene cada uno de los implicados", dice Virginia, su hija. “Fue insoportable todo lo que le hicieron sufrir"
“La tragedia de esta familia pudo haberse evitado con un poco de diligencia y humanidad por parte del empleador”, dice José Sánchez Pérez, el abogado de una familia leonesa rota desde el 21 de marzo de 2023. Es el día en que Juanjo, que llevaba 32 años trabajando en el Ayuntamiento de Onzonilla, no pudo más y se quitó la vida.
Hubo muchas pequeñas gotas que fueron colmando el vaso del sufrimiento de Juanjo, que fue sobrellevando como pudo la fuerte sobrecarga laboral de la que se hacía cargo en su puesto del Consistorio leonés, donde la escasez de personal hacía que se le asignaran -extraoficialmente- hasta 56 tareas distintas, incluida -"y sobre todo"- la atención al público. “Él solo en un mostrador de 7 metros y atendiendo dos teléfonos”.
Aunque en principio estaba contratado como operario de servicios múltiples, la realidad dice que a Juanjo se le asignaban tareas administrativas. Y aunque en reiteradas ocasiones pidió que se reconociera su categoría laboral, ni ésta ni su remuneración variaron nunca en 32 años de servicio.
Y el vaso se iba llenando. Una de las gotas que fueron llenando de ansiedad e insomnio la vida de Juanjo (León, 1960) ocurrió hace ahora cuatro años, en mayo de 2022, cuando por hacer uno de los muchos trámites que hacía a diario, poner un sello en un documento informativo sobre una licencia de obras de hace años que urgía a una vecina, fue expedientado y acusado de falsedad documental. “Se le sancionó seis meses sin empleo y sueldo de manera ilegal, fue un hecho contrario a derecho que quedó acreditado en un juicio previo, cuando aún vivía”, cuenta Virginia, su única hija, para quien lo que le hicieron a partir de entonces sus compañeros, especialmente sus superiores, “no tiene perdón”.
Por un garabato (“no intentó suplantar la identidad de nadie, como se le acusó”) y un sello en un documento, como hizo tantas veces para agilizar los trámites administrativos que se amontonaban en la mesa y dar el mejor servicio a los vecinos, alguien ordenó la detención de Juanjo. Un día, mientras trabajaba, “se presentó la Guardia Civil y le detuvo: le preguntó si era peligroso, porque en ese caso tenían pensado esposarle”. “Mi padre estaba roto, imágínate”.
Y más gotas que pesaron sobre la insoportable angustia de Juanjo: hubo un digital que publicó como desproporcionada noticia la detención de un trabajador público. "Hasta publicó el nombre y los apellidos del investigado", como lamentó en sus redes el abogado de la familia. Fácil imaginar el impacto que eso tuvo en la familia de este hombre, y cómo no en él mismo, que vivía en el mismo pueblo en que trabajaba. Y ya se sabe: pueblo pequeño, infierno grande. “Supuso una campaña de desprestigio enorme contra su persona”.
Y la angustia de Juanjo siguió creciendo. Sintió cómo su entorno laboral le dio de lado. Depresión, baja, ansiedad, insomnio, tratamientos médicos, ayuda psicológica. Contar con el apoyo incondicional de su familia no fue suficiente.
Su mujer y su hija veían cómo la alegría de Juanjo caía en picado. Su madre, su hermano. Nadie en el Ayuntamiento tuvo en cuenta los riesgos reales de la labor diaria que llevaba a cabo este trabajador siempre dispuesto a ayudar a quien entraba en el Ayuntamiento.
La vida se le puso a Juanjo cada vez más cuesta arriba. “Decía que no podía volver a ese trabajo después de haber vivido en sus carnes el descarte que se le hizo, ya no sólo como trabajador, sino como persona”. Más bajas, más ansiedad y más tristeza. Una tristeza infinita que llevó a Juanjo a quitarse la vida en 2023.
Al dolor por la muerte de su padre a los 62 años, le siguió para Virginia y Blanca, su viuda, el calvario judicial: el empeño de estas dos mujeres por demostrar que la rendición vital de su padre y su marido tuvo mucho que ver con la situación laboral que sufrió durante décadas en el Consistorio, "y especialmente los últimos años".
Ahora, a todas luces demasiado tarde, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha ratificado la sentencia del Juzgado de lo Social número 3 de León, que confirmó como accidente laboral el suicidio de Juanjo, trabajador en Onzonilla durante más de tres décadas.
La sentencia, ya firme, establece una relación clara entre la muerte de Juanjo y la situación laboral que vivía en el desempeño de sus tareas en el Ayuntamiento de Onzonilla. “También que el hecho causante sucedió casi al final de su vida laboral, por lo que imaginarse sin trabajo a esa edad, y por nada, suponía para él una total indefensión”.
La sentencia, una de las pocas que han logrado acreditar en España el vínculo entre las situaciones de presión y la laboralidad, es todo un hito. Todo un éxito que sin embargo no celebrarán Blanca y Virginia porque les falta para siempre el cabeza de familia.
“Nos han arruinado la vida, y eso debería tener unas consecuencias”, dice Virginia, que lamenta el comportamiento de muchos en el pueblo antes y después de la fatalidad que se llevó por delante a su padre. Las ausencias en el entierro o que ni les dieran el pésame por la pérdida han marcado profundamente a estas mujeres que tardaron en encontrar un abogado que sí quisiera ayudarlas en el complejo proceso de denunciar a una entidad pública.
Porque esa es otra: conseguir un profesional en una ciudad pequeña que no tenga problema en exigir la aplicación de la ley, es un sufrimiento añadido para el entorno de las víctimas. Varios letrados les dijeron que no, o que ni lo intentaran, que no tenían opciones. Pero afortunadamente hubo un abogado, de lejos de León, que dijo sí, el laboralista José Sánchez Pérez, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de Granada.
“Para mí, lo peor fue la puñalada trapera de los compañeros de mi padre”, dice Virginia, “tanta traición después de décadas trabajando allí”. Y cuenta abatida cómo aquellas navidades, las últimas de su padre, nadie le llamó, ni le invitaron a la cena que celebraban cada año, ni le llevaron la cesta que le correspondía. “Estaba de baja y le trataron como si ya no formase parte del personal de ese ayuntamiento, él sintió que ya no existía para ellos”.
La enfermedad de Juanjo empeoró. Se fue consumiendo y a nadie en su puesto de trabajo parecía importarle. “Ni una llamada, ni un cariño”. Cuando ocurrió el asunto del documento que Juanjo quizá no debió haber sellado, todos en su trabajo se desentendieron. “Por si fuera poco, el Ayuntamiento de Onzonilla se personó en la causa y el alcalde tomó la decisión de incoar expediente disciplinario e imponerle una supuesta medida preventiva sin haberlo dictaminado un juez”.
“Lo que pido es que mi padre no haya muerto por nada”, dice Virginia, que se esclarezcan las responsabilidades de todos y cada uno de los que contribuyeron a que mi padre se fuera consumiendo hasta rendirse. “Aún nos duelen las mentiras y las medias verdades que se contaron en el juicio”, explica, y confía en que “esa gente con menos corazón del mundo un día pague” por haber llevado al límite a su padre, hasta hundirlo.
Por el momento, las primeras batallas judiciales han dado la razón a esta familia que no puede esconder su dolor: El final fatal de Juanjo fue un accidente laboral.
El tiempo dirá si estas dos mujeres aún rotas por la pérdida de Juanjo deciden seguir adelante y piden que la justicia ponga todo en el sitio que merece. Por Juanjo. Para que, aunque él no vaya a volver, nadie tenga que vivir una tragedia tan insoportable y evitable como esta.
Y una reflexión de Virginia: “Quitarse la vida fue la única vía de escape que encontró mi padre a tanto dolor, ¿cuánto hay que fallar como ser humano y como sociedad para llevar a una persona a tal límite?"