La Cultural no puede contra el Ceuta que le arrebata el título (4-3)

Foto Isaac Llamazares
  • El espejismo le duró a los de Raúl Llona 45 minutos

Ni el guion más cruel habría imaginado una caída tan estrepitosa. La Cultural y Deportiva Leonesa rozó la gloria durante una primera parte excelsa, en la que llegó a mandar 1-3, pero acabó sucumbiendo ante un Ceuta que le dio la vuelta al marcador con tres goles en una segunda parte para el olvido.

Y es que la final de los supercampeones comenzó con un vendaval culturalista. A los cuatro minutos, Samanes firmó un golazo desde fuera del área que confirmaba la ambición de los leoneses. Aunque Escudero empató poco después, la reacción fue inmediata: Escobar cazó un rechace tras su propio disparo al palo para el 1-2, y Chacón, con una brillante acción individual tras un taconazo de fantasía de Escobar, amplió distancias con el 1-3. Fluidez, presión alta y verticalidad. Todo funcionaba. Hasta que dejó de hacerlo.

El segundo tiempo que lo cambió todo

Tras el descanso, el Ceuta resucitó. Un penalti de Álvaro permitió a Aquino recortar distancias, y apenas dos minutos después, el empate cayó como una losa sobre el ánimo culturalista. La defensa, que hasta entonces había sostenido bien el asedio, se vino abajo como un castillo de naipes. La desconexión fue total, el balón duraba apenas segundos en los pies leoneses, y solo el portero Amigo —sin duda, el mejor de los suyos— evitó que el desenlace llegara antes.

La puntilla llegó en el minuto 91. Rodri Ríos, viejo conocido de la casa, remató la faena y selló la remontada con el 4-3 definitivo. Para entonces, la Cultural ya jugaba con uno menos por la roja directa a Adri Ruíz, que dejó a los suyos con diez tras una entrada inexplicable. Los minutos finales fueron un ejercicio de resistencia sin fe, con los leoneses despejando balones como único plan.

La sensación de oportunidad perdida es ineludible. Como ya ha ocurrido en varios encuentros de este 2025, la Cultural mostró dos caras irreconciliables: una primera mitad brillante, y una segunda en la que se le fundieron las ideas, las piernas y el alma competitiva. Esta final, que pudo haber sido una fiesta, termina como un aviso de que aún queda mucho por construir.