El circo convierte el parque de Villaobispo en una gran carpa al aire libre

  • El VIII Festival Internacional de Circo concluye tras tres intensas jornadas que transformaron el municipio en una feria del siglo XIX con más de quince espectáculos gratuitos, compañías internacionales y talleres interactivos congregan a miles de personas en una edición marcada por la alta participación familiar

El telón se ha bajado en Villaquilambre tras un fin de semana donde el asombro y la sonrisa fueron los protagonistas. La octava edición del Festival Internacional de Circo se despidió del parque de la Casa de Cultura de Villaobispo de las Regueras, consolidando este espacio como un centro de las artes escénicas en la provincia y logrando una afluencia masiva de público que respaldó cada una de las propuestas.

Bajo la cuidada dirección artística de Enrique López, el certamen de este año dio un giro estético muy aplaudido al convertir el recinto en una feria de época. La ambientación, inspirada en las entrañables barracas del siglo XIX, envolvió a los asistentes en una atmósfera festiva con un ambiente de circo nostálgico, que complementó a la perfección los más de quince espectáculos programados.

Acrobacias, risas y lazos comunitarios

Desde el arranque de las actividades el pasado viernes, el festival demostró su vocación participativa. Los talleres de malabares, acrobacias y técnicas de clown permitieron a decenas de niños y jóvenes aprender los secretos del oficio de la mano de los propios artistas, convirtiendo el parque en una escuela circense al aire libre.

A lo largo del sábado y el domingo, el público pudo disfrutar del talento de once prestigiosas compañías. Entre los momentos más destacados del fin de semana figuraron el dinamismo urbano de los madrileños Indeleble Producciones con su propuesta Flash and Brother, o la cuidada técnica de la compañía catalana Utac Circ en No Matalàs. El domingo, la emotividad y el humor corrieron a cargo del dúo ítalo-argentino A Tope y su obra Shhhhh, mientras que los valencianos La Troupe Malabó firmaron un broche de oro inolvidable con la representación de Eirené.

La implicación local también dejó su huella en el plano visual, gracias a los coloridos elementos de crochet elaborados por los propios vecinos, que vistieron el entorno y aportaron un toque artesanal y comunitario a la espectacularidad de las disciplinas aéreas.

Un evento que trasciende el fin de semana

La huella del festival comenzó a fraguarse antes de la apertura oficial de las carpas. Durante el jueves, y gracias a la coordinación del Ayuntamiento de Villaquilambre a través del área de Cultura encabezada por Jorge Pérez, el espíritu del circo se trasladó a los tres colegios públicos del municipio y a sus dos residencias de ancianos, garantizando que el arte llegara a todas las generaciones.

Aunque las actuaciones en vivo ya han concluido, el impacto cultural del evento se prolongará en el tiempo. Por un lado, el entorno del parque luce ahora renovado gracias al mural de pintura urbana realizado durante la semana por el artista Sergio Canga Caamaño.

Por otro, la memoria visual de estos días quedará recogida en la muestra fotográfica itinerante “Impresiones circenses. La otra mirada”, de Luis Martín, que recorrerá las escuelas y dependencias municipales entre los meses de junio y octubre.