El minero que perdió una pierna en Cerredo sostiene que la verdad “podría haber evitado cinco muertes”
- “Esos cinco paisanos no tendrían que haberse matado porque no tenían que estar ahí”, dice Enrique Ramón a la Nueva España en una entrevista exclusiva
- La Fiscalía pidió peritos ajenos al Principado para investigar
El minero Enrique Ramón, que sufrió la amputación de una pierna en 2022 al volcar un camión sin frenos, rompe su silencio en una entrevista para el diario La Nueva España y sostiene que en la mina de Cerredo se sacaba carbón sin permiso mucho antes de la explosión de grisú que mató a cinco compañeros el 31 de marzo de 2025.
“Si hace tres años todos hubiesen dicho la verdad sobre la mina de Cerredo, quizás no habrían muerto cinco paisanos en marzo”. La frase es de Enrique Ramón Martínez, 55 años, que ha decidido contar por primera vez su historia al periodista Vicente Montes para el diario La Nueva España y cuyo testimonio cuestiona de lleno la versión oficial sobre lo que ocurría en la explotación de Cerredo. Él sobrevivió al accidente del 25 de agosto de 2022, su compañero murió. Desde entonces ha pasado por seis operaciones, perdió una pierna y arrastra la sensación de que, en la mina, “todos sabían” lo que estaba pasando.
Carbón sin permiso en el sexto piso, según su relato
Según relata, Enrique empezó a trabajar en la explotación el 2 de noviembre de 2021, como maquinista de pala y camión. En teoría, su tarea era la de recoger antiguas pilas de carbón, cribar y mezclar restos de acopios casi estériles. Pero pocos meses después, el foco se desplazó al sexto piso de la mina. Llegó madera para postear, entraron los primeros picadores (algunos de los que morirían en 2025) y, ya en mayo, aseguraba que “se sacaba carbón a tope”. Todo ello, sostiene, sin contar aún con la autorización de Minas, aunque dentro de la empresa se daba por hecho que el permiso acabaría llegando.
En ese tiempo, describe una actividad constante: preparación de galerías, subida de material, un grupo electrógeno, compresores y, después, turnos de hasta diez trabajadores repartidos en dos relevos. Primero se extraía de noche, “para que no se viese movimiento”, y más tarde a la luz del día, con viajes diarios de unas 20 toneladas, siempre según su testimonio para La Nueva España. El carbón menudo, de muy baja ceniza, se cribaba y se enviaba a distintos destinos; el grano, a instalaciones de la misma firma en Garaño (León).
En ese contexto, Enrique describe un escenario de inspecciones con aviso previo. Asegura que, al menos en tres ocasiones, fueron advertidos de la llegada de los técnicos del Principado: “Nos decían: ‘mañana sobre las once vienen los de Minas, escondéos por los talleres, ponéos a barrer’”. También recuerda la visita de un agente de Medio Natural que les advirtió de que el permiso de ocupación de las pistas estaba caducado y que elevó un informe que, siempre según su relato, no se tuvo en cuenta.
El accidente de 2022: un camión sin frenos y un fallecido
El 25 de agosto de 2022 llegó el accidente que le cambió la vida. Ese día, Enrique subió con su compañero Sander en el camión que usaban para bajar el carbón del sexto piso hasta la criba. Era un vehículo viejo y con averías recurrentes, al que un informe pericial llegó a detectar 26 deficiencias. Tras una reparación, el mecánico le aseguró que servía para trabajar, aunque según su versión no era así. Con el camión cargado, al iniciar el descenso, el motor se paró por encima del tercer piso y el vehículo se quedó, según su versión, completamente sin frenos. Sander decidió saltar en marcha y murió al instante al impactar contra el suelo. Enrique, que intentó mantener el control hasta el último momento, también saltó; destrozó su pierna contra el terreno y perdió el conocimiento.
Lo que ocurrió después lo reconstruye a partir de las diligencias y del relato de su familia. Explica que llegó a llamar a un compañero y al hijo del empresario pidiendo ayuda y que pasaron más de veinte minutos sin que nadie acudiera hasta que avisó a su mujer. Ella llegó antes que la ambulancia. La llamada de otro trabajador al 112, en la que se afirmaba que no se veía ningún vehículo, pese a que el camión estaba a la vista, es para Enrique uno de los símbolos de ese "silencio" que denuncia en la mina de Cerredo.
La segunda batalla comenzó en el hospital. Tal y como recoge La Nueva España, la mutua intentó desentenderse del caso y la empresa Combayl remitió un informe en el que se apuntaba a una supuesta imprudencia del propio trabajador, alegando que estaba fuera de su horario y que se le había prohibido coger el camión. Enrique sostiene que se manipuló un parte firmado en blanco y que incluso un sindicalista le transmitió, a través de una persona de su entorno, que lo mejor sería “arreglarlo por detrás”. Él optó por lo contrario: llevarlo todo a los tribunales. Hoy, afirma que la justicia laboral ya ha reconocido el accidente como laboral pero que aún queda la parte penal.
La explosión de 2025 y un aviso que, dice, nadie quiso escuchar
Su testimonio se centra también en el siniestro del 31 de marzo de 2025, cuando una explosión de grisú en la planta tercera de la mina de Cerredo se cobró la vida de cinco mineros leoneses. Según recuerda, algunos de los fallecidos y heridos ya trabajaban en el sexto piso cuando él sufrió el accidente de 2022. En su entrevista con La Nueva España, Enrique es tajante y defiende que el accidente de marzo de este año era "evitable al cien por cien". Sostiene que, si en su caso “no se hubiese mentido a la Guardia Civil” y se hubieran reforzado las inspecciones, “esos cinco paisanos no tendrían que haberse matado porque no tenían que estar ahí”.
Más allá de las responsabilidades que deberán dirimirse en sede judicial y administrativa, su relato es también una llamada a romper dinámicas de miedo y silencio en las cuencas mineras. “Se mataron cinco paisanos”, insiste. “Cuando pase el tiempo, todos se darán cuenta de que callar no lleva a nada”.