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“Nos mataron un hijo en las protestas”: la comunidad venezolana en León, entre la esperanza y el nudo en la garganta

Casco y guantes de Neomar Lander, el joven venezolano asesinado en 2017 durante una protesta; sus padres, afincados en León, los conservan como símbolo de memoria y resistencia.
Casco y guantes de Neomar Lander, el joven venezolano asesinado en 2017 durante una protesta; sus padres, afincados en León, los conservan como símbolo de memoria y resistencia.

León se ha despertado este sábado mirando a Venezuela. A miles de kilómetros, la madrugada ha venido marcada por explosiones en Caracas y otras zonas del país y por el anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, una información que sigue en desarrollo y sobre la que el Gobierno venezolano ha exigido una “prueba de vida”.

Aquí, en León, ese ruido lejano se traduce en pantallas encendidas desde primera hora, mensajes que entran a trompicones y familias pendientes de un “¿estáis bien?”. No es una escena aislada: En la provincia viven 978 personas de nacionalidad venezolana según el INE, una de las comunidades más numerosas dentro del mapa migratorio de la Comunidad.

“Casi gritamos libertad”

María Marques, venezolana residente en León, lo resumía en declaraciones a la agencia ICAL con una frase que se repite hoy en muchas conversaciones: “Vamos agarrando la calma, estamos en espera, con la sensación de que casi gritamos libertad”. Según relató, parte de su familia vive detrás del Palacio de Miraflores y le transmiten que “está todo en calma” en esa zona. También cuenta algo que, dicho desde León, pesa como una losa: “Allí todo es un silencio total”, le dicen desde Venezuela, y el país permanece “encerrado y en completa calma”, mientras todos esperan a ver qué pasa en las próximas horas.

Marques reconoce el susto inicial: “mucho miedo y susto por nuestra gente”, y la prudencia con la que están viviendo estas noticias, pero no esconde la emoción: siente que se abre un horizonte distinto al que le empujó a marcharse hace ocho años.

“Sorprendidos es poco”

José Manuel, venezolano de Maracay afincado en León, describe una mezcla difícil de ordenar. “Sorprendidos es poco. Cuando algo parece imposible, hasta que no sucede y empiezan a surgir los primeros cambios, el susto aún sigue en el cuerpo. Una mezcla de alegría y ansiedad por ver que los cambios lleguen ya”, explica en conversación con este medio.

Cuando se le pregunta qué espera que ocurra a partir de ahora, responde con cautela, sin vender certezas: “Pero poco se sabe… Lo importante es que el país para abajo más, ya no puede ir”. Su familia y amigos no están en Caracas y, por ahora, los nota “tranquilos e incrédulos también”. Le preocupa, sobre todo, lo que pueda ocurrir en los próximos días después de los llamamientos oficiales a salir a la calle.

El casco de “Resistencia”, en una casa de León

Pero si hay un testimonio que hoy atraviesa León como un relámpago es el de Neomar Lander, vecino del municipio desde hace 7 años. Su historia no se cuenta solo con palabras. Se cuenta con una foto: un casco blanco con la palabra “RESISTENCIA” y unos guantes, colocados como si todavía guardaran el calor de unas manos jóvenes.

“Nos mataron un hijo en protesta, fue muy doloroso para nosotros”, relata. A partir de ahí, dice, llegó “una represión sistemática” y “una vigilancia en nuestras viviendas”, hasta que tomaron una decisión que nunca imaginaron: abandonar Venezuela. “Luego de 1 año decidimos venirnos a España… y luego al cabo de poco tiempo nos vinimos acá a León. Una gran ciudad que nos ha abierto las puertas… ya es como mi segunda casa”.

Su hijo fue Neomar Lander, el joven que fue asesinado en 2017 durante las protestas en Venezuela. Medios internacionales situaron entonces su muerte en el contexto de aquellas manifestaciones y la represión en las calles. Hoy, casi nueve años después, su nombre vuelve a aparecer en la conversación pública y su frase icónica resuena más que nunca: "La lucha de pocos vale por el futuro de muchos".

“Estamos celebrando, celebrando que al fin vamos a ser libres. Vamos a tener un país libre… vamos a poder volver a nuestras casas, vamos a poder abrazar nuestros familiares”, dice, y la emoción le rompe el ritmo. “Es mucha alegría… es llorar, es de verdad. Es muy emotivo este momento para nosotros”.

Neomar lo repite como quien sigue sin creerse que haya una puerta abierta: “Nunca nos había tocado emigrar… y bueno, nos tocó”. Y en medio de ese temblor, alegría y herida a la vez, deja también un agradecimiento claro: “Estamos muy agradecidos todos los venezolanos con España”. Y un guiño final a la ciudad que ahora habita: “Mis saludos y mis más preciados deseos para nuestra ciudad de León”.

En León, hoy, Venezuela no es solo un titular internacional. Es un chat familiar que tarda en responder. Es una llamada que no llega. Y, en una casa, es un casco con la palabra “Resistencia” que recuerda que, a veces, las noticias no solo se leen: se sobreviven.